La forma más común de infectarse con el virus del Zika es a través de los mosquitos hematófagos, concretamente las especies aedes aegypti y aedes albopictus. Estos se alimentan de día y de noche y prefieren los climas tropicales y subtropicales, los mismos que transmiten enfermedades como el dengue y el
chikungunya. Se transmite cuando un mosquito que ya está infectado por el virus se alimenta de una persona infectada, por lo que se infecta con el virus y lo transmite a la siguiente persona a la que pica. Este ciclo permite que el virus persista en grandes poblaciones de mosquitos, sobre todo allí donde no existen medidas para detener su propagación, o éstas son escasas.
Aparte de la transmisión vectorial a través de mosquitos, existen otras vías de transmisión del Zika que incluyen, entre otras: sexo vaginal, anal y oral. Esta modalidad hace hincapié en las prácticas de protección, sobre todo cuando uno de los miembros de la pareja ha estado en contacto con el virus. También se ha encontrado Zika en la saliva y la orina, aunque no se consideran el principal modo de transmisión. En ocasiones se ha propagado a través de transfusiones de sangre, aunque gracias a los análisis periódicos, la propagación del virus está controlada.
Otra vía crítica es la transmisión vertical, cuando una mujer infectada transfiere el patógeno a su hijo nonato y contrae trastornos congénitos como la microcefalia. Estas diversas vías de transmisión muestran cómo la falta de medidas preventivas eficaces que no sólo eviten el contacto con los mosquitos, sino también el contacto directo, ayudará a vencer esta enfermedad.