Las condiciones en las que nacemos, crecemos y vivimos pueden provocar o influir en que algunas personas tengan más riesgo de padecer enfermedades crónicas que otras. Estos factores no médicos se conocen como determinantes sociales de la salud (buenos y malos). Cuando son adversos, favorecen los problemas de salud, y el acceso a una atención médica de calidad es más difícil.
Por ejemplo, algunas personas viven en comunidades que no disponen de lugares seguros. Si los parques no son seguros para pasear o realizar actividades físicas, es posible que las personas que viven en esas comunidades no se sientan motivadas para participar en actividades físicas.
Otro ejemplo es la escasez de supermercados y tiendas de comestibles que vendan frutas y verduras frescas. Cuando los alimentos enlatados, envasados y procesados son las únicas fuentes de alimentos disponibles, resulta mucho más difícil comer sano.
En algunas regiones rurales, también puede ser muy difícil recibir atención médica por falta de médicos o por el cierre de hospitales, ya que el médico más cercano está demasiado lejos. Esto dificulta, por ejemplo, la realización de pruebas preventivas como colonoscopias o el seguimiento por un especialista.